28/10/09


























Los Poemínimos: durante mucho tiempo, supuse con ingenuidad que estos breves poemas podían ser algo así como unos epigramas frustrados. Error. Mi hija Raquel (8 años), al leer algunos, declaró lo siguiente: “Son cosas para reír.” Poco después, en la casa de un famoso pintor, Octavio Paz (58 años) los definió de esta manera. “Son chistes.” Me alegró en extremo que, separados por medio siglo de experiencia y cultura, Raquelito y Octavio hubieran coincidido. [E.H]*
Efraín Huerta, poeta mexicano (1914-1982).

21/10/09

HUMOR POLÍTICO: NOMÁS ME DUELE CUANDO ME RÍO

Guillermo Vega Zaragoza





En este país de reprobados que nos ha endilgado el contubernio entre los gobiernos (primero priístas y luego panistas) con la gansteril dirigente del sindicato magisterial, gracias al cual gran parte de los mexicanos han sido condenados al analfabetismo funcional (es decir, que saben leer pero no ejercen esa habilidad), una de las mejores formas de comunicar las ideas políticas sigue siendo, sin duda, la caricatura periodística, que ha servido durante años para formar (y también deformar) la incipiente cultura política de los ciudadanos y corroborar con sardónica sonrisa sus fobias acerca de la situación política, económica y social predominante a la hora del desayuno.

La caricatura política es tan sólo una de las manifestaciones del humor político, nos dice Samuel Schmidt en Humor en serio. Análisis del chiste político en México (Aguilar, 1996). Se basa en la exageración de ciertos rasgos de los actores políticos que normalmente pasan inadvertidos y que al ponerlos en relieve también constituyen una degradación. Para Schmidt, el chiste político y la caricatura periodística tienen una energía liberadora, debido a su expresión catártica, pero sobre todo a su capacidad de crítica. De ahí la trascendencia que tiene el género de la caricatura política en la historia del periodismo mexicano como parte de los mecanismos del humor que tiene a la mano la población para desahogar un poco sus frustraciones, corajes y neurosis ante las acciones de los poderosos.

El humor político en nuestro país no es nuevo. Se remonta incluso a tiempos de la Colonia, pero es cierto que se ha documentado, quizá en demasía, el papel de la caricatura en la prensa de la época revolucionaria, y desde principios de siglo XX hasta nuestros días es posible detectar una línea de continuidad, que se conecta con esa rica tradición artística, que se manifestó con José Guadalupe Posada y El Hijo del Ahuizote.



Triste y divertido desprendimiento del reloj de la catedral de
México.
José Guadalupe Posada. Impresión tipográfica directa.



Las tristísimas reminiscencias que en México quedan
ya, del más antiguo relox que estaba en la catedral.
José Guadalupe Posada. Impresión tipográfica directa.



Sin embargo, por lo que respecta a la caricatura en la prensa del siglo XIX, puede considerarse casi nula la bibliografía disponible y cuando lo hace se remite a lo más elemental: apenas una descripción de lo evidente y la reproducción de las pocas ilustraciones que se pueden conseguir en las hemerotecas públicas, como sucede, por mencionar algo de lo más reciente, con el libro de Esther Acevedo La caricatura política en México en el siglo XIX, editado a mediados del año 2000.

Otro libro, este si mas completo, es La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872, realizado por Rafael Barajas Durán, mejor conocido como El Fisgón, caricaturista actual del diario La Jornada. En este libro, Barajas Durán ofrece una visión amplia, documentada y, en la medida de lo posible, completa de este género durante uno de los periodos más agitados de la vida nacional, compilando y analizando caricaturas e ilustraciones de dibujantes políticamente comprometidos con el bando liberal y que conforman lo que él llama “caricatura de combate”. Aparecen así obras de Constantino Escalante, Santiago Hernández, José María Villasana, Joaquín Heredia y Jesús Alamilla, entre otros, publicadas en periódicos, revistas y hojas volantes de la época, tales como La Orquesta, El Gallo Pitagórico, Don Simplicio, El Calavera, El Telégrafo, El Padre Cobos y muchas más.

El mismo Barajas reconoce que la principal dificultad que tuvo al hacer su investigación radicó en el hecho de que está bastante incompleto el acervo de periódicos mexicanos del siglo XIX que se encuentra en los archivos y hemerotecas de México y el extranjero, o que ejemplares de revistas con caricaturas de la época ya se han perdido o se encuentran en colecciones privadas de difícil acceso.

En el ensayo que abre el libro, El Fisgón ofrece el marco histórico en el que se desarrolla el periodismo de combate en sus diferentes etapas: en la Colonia, a la primera hora de la Independencia, en la etapa imperial, durante la Guerra de Reforma y en la República Restaurada. Describe e interpreta cerca de 250 caricaturas e ilustraciones, ubicando no sólo la autoría y procedencia de cada una de ellas, sino realizando el análisis estilístico de las obras, al identificar las corrientes y los modelos estéticos predominantes que en cada época sirvieron como fuentes de inspiración a los caricaturistas, quienes con frecuencia se colocan en el rango de verdaderos artistas.

El autor destaca que le resultó difícil identificar a los personajes retratados en muchas de las caricaturas, lo que evidentemente constituye un elemento fundamental para poder entenderlas, pues el recuerdo de muchos de estos personajes que fueron célebres en su momento se ha hundido en la noche de los tiempos, y nadie sabe dar razón de ellos.

A pesar de todo, el autor nos ilustra sobre los símbolos y estereotipos (“arquetipos” les llama) predominantes de la caricatura mexicana de la época. Así como los historiadores del año 2100 padecerán para entender el significado de la figura del “tapado” (inmortalizado por Abel Quezada); para saber a qué se referían los caricaturistas con eso de “el dedazo”, o para desentrañar la intrincada trama semántica establecida a últimas fechas por el actual e inefable secretario de Hacienda con aquello de “el catarrito”, El Fisgón nos ahorra el esfuerzo y presenta la galería de personajes que aparecen con mayor frecuencia en las caricaturas de la época, al “desentrañarlas como si se tratara de códices prehispánicos”, para entenderlas en su justa dimensión.

Encontramos, por ejemplo, a los “cangrejos”, que representan a los conservadores por su ánimo retrógrado, igualito que los panistas actuales. Incluso el autor le dedica un anexo a las coplas e himnos satíricos a estos personajes, siendo una de las más célebres la “Marcha de los cangrejos”, inspiración de Guillermo Prieto, que a la letra dice: “Cangrejos, al combate,/cangrejos, a compás/ un paso pa delante/doscientos para atrás”.

Aparecen también los “diputados pancistas”, que en lugar de ocuparse del bien público sólo se preocupan por su panza, igualito que los actuales; los “equilibristas y maromeros”, políticos acomodaticios de primera hora, como los “trapecistas” actuales que se lanzan de una Cámara a otra; los “puros”, mote con el que se identificaba a los liberales radicales por su actitud dogmática e inflexible; los “borregos”, que eran los rumores y noticias falsas o dudosas publicadas por los diarios; las “carteras”, que era como se les conocía a los ministros del gobierno juarista; la “jeringa”, que simbolizaba las medidas económicas que afectaban a la población; los “paraguas” de las facultades extraordinarias que Benito Juárez solicitaba frecuentemente al Congreso para garantizar la estabilidad del país; “el Curato”, que era como los liberales radicales llamaban al círculo más cercano al Benemérito. Y en esa época hace su aparición un arquetipo que todavía prevalece en la picaresca nacional como símbolo del poder omnímodo del presidente: “la silla”, que en un principio fue interpretado como un símil del trono del rey.

Como puede verse, poco ha cambiado desde entonces. O quizá sí: antes los políticos perseguían a los moneros por burlarse de ellos, los mandaban madrear o les cerraban las publicaciones (como le sucedió varias veces a Rius, entre otros). Ahora se han vuelto tan cínicos que hasta compran los originales de las caricaturas para enmarcarlas y colgarlas en sus despachos como si fueran trofeos.

esto es sólo mecanografía

SERÁ MEJOR QUE TE VAYAS FALSTAFF
Jerónimo Fernández Duarte

Escribía Guillermo Cabrera Infante en Cine o sardina, o tal vez en Arcadia todas las noches, o tal vez, después de todo, no lo escribiera Cabrera Infante, que Sopa de ganso, la célebre película de los hermanos Marx, sólo tuvo un espectador en Italia; alguien influyente, ya que prohibió que cualquier otro italiano la viese. Un tal Benito Mussolini.

En La broma, de Milan Kundera, un joven comunista checoslovaco pretende tomarle el pelo a una chica tonta con una nota sarcástica sobre Lenin y Stalin, pero su sentido del humor no es entendido por sus compañeros de universidad y de partido y acaba condenado a trabajos forzados en una ciudad minera.

De ambos ejemplos puede extraerse que humor y poder no suelen llevarse bien y cuanto más alto el poder, peor. Tal vez porque el humor, que no la bufonada, nos hace reír al descubrirnos que las cosas y órdenes establecidos no son en verdad lo que nos dicen que son o debieran ser. Curzio Malaparte dio una definición brillante de lo que es un estado totalitario: aquel donde todo lo que no está prohibido es obligatorio. ¿Cómo va a tolerar entonces algo que pone en duda las prohibiciones y las obligaciones?

He diferenciado a propósito el humor de las bufonadas porque los bufones, al estar a sueldo de los reyes, no acostumbran a poner en juego su pan y su jergón. De ahí que nuestros políticos hayan tomado la grotesca costumbre de reírse a carcajadas de las burdas imitaciones que los bufones modernos les hacen por la tele, ya que burlarse de un acento, un rasgo físico o un gesto es tolerable, pues distrae del verdadero blanco sobre el que dispararía el humor.

Pero tal vez, la relación que mejor ilustra cómo se llevan el humor y el poder es la de sir John Falstaff y el príncipe Hal, como nos muestra Shakespeare en Enrique IV, 1ª y 2ª parte –para quien no las haya leído o no desee esperar a que representen las obras en su ciudad siempre le queda la posibilidad de ver Campanadas a medianoche, de Orson Welles–. Es Harold Bloom el que insinúa que Falstaff es un maestro de humoristas, que en variada tipología y número lo acompañan por las tabernas y casas de putas de su época y que su alumno más brillante es el príncipe Hal, que ha decidido que Falstaff debe morir para que no oculte su propio brillo para cuando sea rey en Enrique V. Pero yo creo que en realidad Hal no desea aprender el arte del humor de Falstaff: el rey en el que se convertirá será pragmático, enérgico y preciso, capaz de invadir Francia si es necesario pero carecerá por completo de sentido del humor; Enrique V se toma muy en serio. Creo que lo que Hal hace al seguir a Falstaff es lo mismo que hacían los reyes con los venenos más comunes: tomar pequeñas dosis de manera repetida para volverse inmunes a sus efectos. Así, Hal prueba la desvergüenza, la burla del honor y el deber y el agudo sentido de lo ridículo que son los asuntos del mundo que con tanta elocuencia muestra Falstaff, sin que el príncipe, que lo intenta desde la primera escena, pueda vencer a esa elocuencia, en parte porque en ella reside la alegría de la vida, que Hal no parece tener: siempre lo encontramos más viejo que Falstaff, aunque sus cuerpos nos digan lo contrario. Así, Falstaff no duda en calificar a Hal de loco, por su ambición de reinar y, por si no fuera suficiente, le lanza dardos tan demoledores como la frase que le dice cuando Hal pone peros al robo en Gad’s Hill: nunca podrás ser digno de ser rey si no te atreves a participar en un robo.

¿Cómo no iba a apartar de sí Hal a Falstaff una vez coronado? ¿Alguien cree posible que pudiera pronunciar su emocionante discurso anterior a la batalla de Azincourt con Falstaff entre los presentes? Me parece improbable que el discurso despertara en Falstaff la emoción que despierta en Westmoreland; más bien todo lo contrario y Enrique V no estaba dispuesto a que alguien pusiera en duda que el mundo fuera tal y como él decía que debía ser. Por eso decidió desterrar a Falstaff con duras palabras: No te conozco, viejo. Más te vale que te pongas a rezar. O lo que es lo mismo: será mejor que te vayas, Falstaff.
SI DIOS ME PRESTA VIDA
Gabriela Vadillo

Hace nueve años el PRI perdió por primera vez las elecciones municipales en Cd. del Carmen. Así, en el 2000 los panistas llegaron al poder. En aquellos entonces a nivel nacional, tras el foxismo, se hablaba de que las ratas estaban abandonando el barco. El barco era el PRI y las ratas, los miembros del partido que lo mismo se fueron al PAN que al PRD. Ese barco, de nuevo llega a las costas de la isla y quizás ahora suceda lo mismo. Ratas van, ratas vienen.


Cuando los priístas tuvieron que dejar el palacio municipal por mandato de la ciudadanía carmelita, se lo tomaron tan a pecho que vaciaron las arcas. Hoy, la actitud mostrada por el PAN no es muy diferente. Se largaron como las chachas: sin avisar, por la puerta trasera y con las joyas de la dueña. El PAN le dio al PRI, sopa de su propio chocolate ―aunque los que pagan el pato son los trabajadores a quienes les deben el sueldo―. Sin embargo, los panistas se pasaron de cuchara y el descontento mostrado por el pueblo, lo reafirma. La rapacidad de los panistas fue democráticamente repartida en todos los niveles, pero el sector que sin duda se vio más afectado fue el cultural. Durante los tres trienios que perpetraron el poder, desaparecieron la Casa de la Cultura ―las ruinas aún pueden verse en la calle 26―, al Museo Victoriano Nieves lo convirtieron en oficinas y plagaron la ciudad con eventos dominicales dignos de su mediocridad, por no hablar del uso dado al Teatro de la Ciudad, el cual sólo ofertó dos o tres eventos decentes ―y aún tengo mis dudas― por año.

Ahora gran parte del estado vuelve a ser priísta y por lo visto, desmemoriado, en el caso de ser cierto aquello de que el pueblo no recuerda su pasado y repite la historia. Lo cierto es que, en un arrebato de iniciados, el nuevo gobierno estatal ha creado la Secretaría de Cultura, acto del cual muchos están agradecidos pues con esto, quien fuera capo del instituto de cultura del cartel del golfo campechano, va perdiendo poderío. Ya el tiempo nos dirá si la nueva secretaría funciona, favorece a todos los municipios, rompe con las mafias artísticas o, por el contrario, se vuelva un monopolio.

En Cd. del Carmen es urgente rehabilitar los espacios destinados a las manifestaciones culturales. Esperemos que el nuevo gobierno no pase por alto esta necesidad, aunque lo más importante, es poner en los cargos públicos relacionados con la cultura a personas preparadas para ejercer estas funciones y no ha improvisados de hueso colorado.

Quizá peco de ingenua y más con el recorte presupuestal, aún así, me queda un halo de esperanza en lo más profundo de mi corazón artístico. Tal vez me tocará ver a Casa de la Cultura resucitada, al Museo Victoriano Nieves con una exposición permanente que no sea la sala de las reinas florales, al Teatro de la Ciudad ofertando mejores eventos o a cualquier otro lugar donde se pretenda la difusión cultural renovados. Tal vez y acá me aventuro todavía más, me toque presenciar cómo se supera la idea provinciana de cultura.

Al PRI le han dado una nueva oportunidad en la isla, aunque eso sí, es una oportunidad ficticia porque la realidad es que la ciudadanía carmelita se cansó del PAN y como ya nadie cree en el PRD, pensaron que volviendo ―esperemos que no a lo mismo― los priístas al poder, por lo menos nos libraremos de los estragos ocasionados por los panistas.

Mi personalidad descreída no me permite hablar de lo que no he visto. Tendré que sentarme entonces y esperar, si Dios me presta vida, a que los actos del gobierno hablen por sí mismos y en beneficio de la isla. Ja.

artes visuales

ARTE HUERCO
un diálogo entre el humor y el horror

Angélica Gallegos

La frenética narcoviolencia que padecemos en la mayor parte de la República Mexicana suele ser un fenómeno más difícil de narrar que de ficcionar. Performances y apropiaciones urbanas abyectas se manifiestan en ajustes de cuentas: cuerpos expulsados, degollados, amputados, castrados, quemados.

Vivimos una época en que los medios masivos pretenden alinear nuestra percepción a los intereses de un orden social. Los noticieros, la prensa y la radio parecen estar empeñados en disfrazar esta rabiosa ola de crímenes con una aparente exterminación de la mafia en nuestros estados. Sin embargo, en el espacio cotidiano, en el vecindario, a voz baja y secreta, estos relatos lúgubres se archivan entre mitos y realidades sacudiendo el imaginario de algunos artistas, confrontándolos a pisar los espacios del arte contemporáneo, sitio donde la mística del acto creativo y el ensalzamiento del autor como creador parecen perder importancia, perfilando con más claridad el papel de mediador en una acción de carácter funcional, es decir, el creador llega a actuar como un ser analítico, terapeuta e integrador social, que además de preocuparse de una estética visual, es capaz de crear situaciones para la reflexión de ideologías políticas, de género, medioambientales y culturales, entre otras.


Un ejemplo de ello es Ricardo Delgado, pintor nacido en Tampico Tamaulipas, radicado en México D.F. Egresado de la Escuela Nacional de Pintura y Grabado La Esmeralda y egresado del Posgrado en Artes Visuales de la Academia de San Carlos. Su propuesta denominada Arte Huerco (que en alguna ocasión fuera víctima de la censura por tratar temas de la violencia y de matones), responde a una pintura contemporánea que vislumbra un espectro de la cultura de nuestro país, el de personajes del narcotráfico y mafias: huercas dulces y machines urbanos, compas, rubias sexis, caciques y mises, todos ellos dialogando en una suerte de doble cara: la del humor y el horror. Estas imágenes nos conducen a una dimensión donde la realidad parece reírse de sí misma. Respecto a su lenguaje pictórico, el pintor Jazzamuar comenta en el texto para la exposición Arte Huerco, realizada en México, D.F: Al observar las pinturas de Ricardo Delgado nos encontramos con una gama de personajes y situaciones que van poblando sus telas con un sentido a veces humorístico, otras sarcástico, en otros momentos de crítica aguda a una sociedad, todo esto al margen del lenguaje puramente pictórico. Lo que Delgado nos propone es que al estar frente a su trabajo vivimos y sintamos vernos en ese espejo de la sociedad; no sólo norteña huerca, sino de todas las sociedades y sus diversos colores y niveles, de alguna manera todos participamos en eso que Ricardo pinta y denuncia en sus óleos.

En Las huercas power flower, bajo una estética kitch, Delgado conforma una serie de pinturas animadas con ojos locos y mirada desorbitada, refrescándose entre flores y diamantinas. Huercas de rostros feroces transitan entre el espanto y la obscenidad de esta serie.

En los lienzos de Espectros porteños, Oda a los Hermanos Almada, Ricardo plasma a iconos del cine mexicano como los Hermanos Almada. El creador afirma que estos personajes de películas de oscuro folklor, no muy aceptados en los 70, son nacidos del narco y los sobreexpone para reivindicar una cultura que ha dejado huella en el imaginario mexicano.

En Glorious Pistols, de la A a los Zetas, Ricardo ha transitado por una de las fronteras más conflictivas, lo que explica el realismo de sus personajes de nota roja. Asimismo, su afán de denuncia lo ha lleva a crear a MDL, uno de los personajes que disfraza su voracidad criminal bajo estrellas y diamantina: siempre al acecho, siempre listo para abrir fuego a cualquier movimiento en falso. Los compas de la serie de la A a los Zetas, transpiran la maldad y el poder del que hacen gala, al mismo tiempo que un halo de gracia provocado por la ingenuidad infantil del uso de adheribles.

Ricardo logra expresar esos excesos del hombre, entre el humor y el horror con su Arte Huerco, estableciendo un espacio para la reflexión de una realidad que ha alcanzado, estruendosamente, nuestra cotidianidad.

fuera de lugar

DEL HUMOR Y OTROS ANEXOS

Fernando Nieto Cadena



Por ahí se ha dicho que hablar/escribir sobre el humor es algo muy pe­liagudo porque se trata de una cosa muy seria. Supongo que no se re­fieren a los humores biliosos o melancóli­cos que tanta fortuna alcanzaron en el pasado, el siglo 19 para no ir muy lejos porque la máquina del tiempo puede descomponerse y lanzarnos en el jus­to medio del exacto y preciso momen­to cuando un poco esbelto mamut se lanza sobre su mamuta para cumplir con la sagrada función de perseverar en la conservación de la especie.

Supongo pues que se trata de esa habilidosa y nunca bien asimilada y reconocida costumbre de convertirse en el payaso de la familia, del grupo, de la escuela, del pueblo, del gobierno. Quiero suponer que cuando se habla de hu­mor no hablamos de la sección cómica de los diarios que vanidosamente llaman página editorial ni de esos esperpentos políticos que van por la vida arrastran­do su honra y desfalcando al país. No. Pienso que si hablamos de humor hablamos de cosas muy vitales como para pensar que don Juan Rulfo tuvo mucha razón para escribir en uno de sus cuen­tos que la vida no es muy seria en sus cosas. Claro, esto no nos puede llevar a la conclusión de que el humor es algo solemne o grave porque entonces no tendría chiste ponerse arduo como pá­jaro embalsamado exigiendo le abran las puertas o piernas de la inmortali­dad. Al fin y al cabo ‘graves’ en inglés parece que sigue significando tumba y la única tumba que a mí en lo particular me conmueve es esa salsita que Ismael Rivera canta para recordar los días que estuvo hospedado en ese hotel neo-yorkino que los vecinos del Bronx bau­tizaron Las Tumbas para olvidarse que se trata de una vil y cobarde cárcel.

No sé pero a veces me da por pen­sar que esto del humor puede conducir a que algún despistado o desorbitado desescritor de cotidianidades pudiera estructurar una brillante charla sobre, por ejemplo para ser muy original, El daño que hace el humor, sobre todo en tiempos de patrioterismo bushiano-fox-calderonista. Lo del daño porque dicen con epicureísmo digno de mejor causa que cuando uno se ríe pone en movimiento no sé cuántos miles de músculos que provocan el nacimiento de no sé cuántas arrugas, vaina que para quienes no aspiramos a ser inmor­tales (es decir llegar a la bien provecta edad de cien años ¿para qué y con qué objeto? di­cho sin albur) no tiene ninguna soberana im­portancia.

Me parece que esto del humor es como la poesía, debe ser algo muy importante si sólo uno supiera para qué. Para evitar devaneos detectivescos, lo anterior es una expropiación de lo que presuntamente dijo uno de los líderes de la línea marxista más ortodoxa, el señor Groucho.

Cuando leí a ese anciano chivo libidino­so que respondió al nombre nada esotérico de Sigmund Freud, ese atranca puertas que tituló El Chiste, juro que me dejó paralelo: paralizado y lelo, o sea pendejo, Y no pre­cisamente colgado de ese vello bello púbico que resguarda el azaroso monte venusino. Prosigo para no recaer en otra masturbación que como todos sabemos toda masturbación es un heroico heroísmo porque el más turba­do masturbador se juega siempre el pellejo. Si fuera por Freud todos estaríamos aburridísimos haciendo chistes con las recetas que propina para diseccionar el chiste. No sé.

La historia trágica de la literatura me en­seña que los humoristas, los profesionales del humor, fueron y son gente algo taciturna, melancólicos de oficio y con una endiablada neurosis que no hubo nadie que los aguantara ni los aguante. Cansados como estaban de no soportarse a sí mismos se dieron a la tarea de remodelizar el mundo, o sea la vida, para que este valle de lágrimas sea un poco más soportable y no se ‘asemejara’ a las telenovelas donde siempre la inteligencia pierde de calle ante la estupidez de los guionistas. Ni modo, para ver Televisa hemos nacido, digo. Otros dirán que para entelevisarnos compramos el televisor. Eso de remodelizar es muy literario, es muy acá, viste bien a lo Taylor Chic, hasta parece que uno es inteligente de acá, bien acá.

Debo confesar que en los últimos meses encuentro pocas cosas cuando leo que me ha­gan reír y emocionar. Por eso releí La Corte de los Ilusos de Rosa Beltrán, novela que me hizo reír en la primera lectura y me hizo volver a reír a mandíbula batiente (si todavía este lugar común significa algo). Conste, la señora Beltrán no es humorista pero como su tema fue rescatar una parte de la histeria histórica mexicana recién independizada, al contarnos las peripecias de ese aprendiz de petimetre que se coronó emperador (tal vez la maestrísima Elva ¿Elba? Esther sepa el nombre del señor Iturbide) no le quedó más remedio que brindar unas excelentes y ame­nas páginas donde la ridiculez del poder se manifiesta en todo su oropelesco esplendor.

Definitivo. El humor es cosa muy se­ria. Por eso los políticos tratan de imitar a los payasos y nos va mal. Los payasos saben su chiste, en cambio los políticos lo único que mal saben es mal adminis­trar su corrupta esquizofrenia creyendo que todos somos igual de relamidos retrasados mentales como ellos. Los muy listillos hasta ¿piensan? que no sabemos que roban como sólo los hijos de Alí Babá aprendieron a robar. Si antes los informes presidenciales eran una mala parodia de la cínica cursilería lumpenesca trepada al solio presidencial, hoy por suerte nos evi­tan el mal rato de ver a un fantoche ensi­mismarse en su miseria humana. Algo de cordura debe caberles ahí donde les dije tienen su corazón y el cerebro. Para bro­mas macabras ya tenemos con tanta de­mocracia de pacotilla. Digo.

artes visuales

LA RELIGIÓN SENSIBLE


Carmen Licario
entrevista con Alejandro Pérez Falconi

Elegir 33 obras de la historia del arte y reproducirlas en plastilina, es el
planteamiento de un chiste muy serio en La religión sensible, de Alejandro Pérez
Falconi, artista visual quien encuentra que: copiar es una actitud natural para
aprender, pero también es la herramienta del crear, ya que siempre se parte de
algo conocido. Y esto determina cierta continuidad entre lo antiguo y lo nuevo.

―Intención de la serie La religión sensible

―Son muy buenas intenciones y voy a contestar aunque una obra de arte para mí sea ‘una cosa en el mundo, no un texto comentado sobre el mundo’ como decía la del mechón blanco, Susan Sontang.

Todo principió entre París y Barcelona. Andando por los museos se me vino la idea de representar lo que observaba en esas colecciones, el cómo se conectan los significados por medio de la historia y lo que pueden simbolizar para nosotros, observadores del presente. Reconstruir como si fuesen nuevas las cosas viejas aunque estén vistas y revistas. Pensé entonces en apropiarme de las obras de los grandes maestros un tanto para renovarlas. Después pensé englobar las cosas hasta el presente, empujando la serie más hacia la cuestión del artista como hacedor a través de los tiempos.

Uno de los puntos supone envolverse en el conflicto entre lo que es una copia y lo que admite ser una creación. Copiar es una actitud natural para aprender, pero también es la herramienta del crear, ya que siempre se parte de algo conocido. Y esto determina cierta continuidad entre lo antiguo y lo nuevo. Una conexión que está desde la manera en que reconstruí las piezas, hasta la secuencia cronológica en la cual se van dando los cambios de estilo en el arte. Hay un resultado, que es como una reflexión-pregunta que pretende situar todos esos cambios y cuestionar hasta donde hemos llegado con todo esto. Lo que al final queda es La suma del arte, una pieza-conclusión de lo que es todo ese recorrido por la historia. Además me interesaba que las obras tuvieran una iluminación muy parecida a la de los cuadros. Para reforzar que la memoria del espectador volviera a jugar comparando los cuadros originales con estas reinterpretaciones.

―Tiempo y selección

―La Religión sensible es una ‘sugerencia’ desde los principios hasta la actualidad del arte. No se puede describir toda esta historia en 33 obras ni tampoco venía al caso. Fue muy difícil escoger las imágenes porque es imposible encasillar una época en una sola pieza ya que las épocas no se dan de una manera muy clara y siempre aparecen lagunas. Quise revelar más bien una metáfora, donde el número 33 pueda asociarse con la edad que tuvo Cristo cuando lo sacrificaron. Algunas obras marcaban cierta fe de pensamiento que ha ido cambiando, una ‘religión’ que varía de sensibilidad, una historia contada sobre este templo espiritual que es el arte, en su propio mito: muerte y resurrección.

―La plastilina como material

―Es un material muy noble que aún no alcanza el estatus del mármol o del bronce, en gran parte por su condición efímera. Fue inventada hace un siglo en Alemania para practicar y suplir lo que rápidamente se volvía duro como la arcilla.



Mayormente la asociamos con las animaciones y los niños, brindándole un aspecto lúdico. La plastilina da un grado de humor y ocio que nos convoca a mirar las obras de una manera informal; una broma sobre el acto creativo. Para mí el humor es bien importante, es un ingrediente más para estar completo, como la fantasía y lo real. Encontré que con la plastilina se ejerce ese contenido. Sin embargo, también me gusta la idea de la fotografía como documento de la realidad. Una presencia ausente, digamos, un fantasma que podemos saber que existió como documento de la historia. La plastilina es un medio en esto de la copia y la reinterpretación, pero la fotografía es el resultado.

―Provocar la risa

―Claro que sí. Es como lo que pasa cuando los adolescentes le ponen bigotes a las fotos de los políticos en los periódicos, yo hice lo mismo. La burla puede ser como una especie de exorcismo y por ende liberación. La obra ya no me pertenece, ahora es una cosa del mundo y cualquiera puede reírse más allá de la proposición seria que hice de la broma.


En las artes visuales se utilizan muchos mecanismos para formular un chiste y si el arte ha sido ingenioso a través de los tiempos mucho le debe al humor. Desde hace siglos la comedia existe y no creo que sea una tendencia exclusiva de nuestra época. Ahora, el humor del arte se ha encajado mucho en criticarse a sí mismo, haciendo una burla de sí y muchas veces el público sale encabronado de una exposición sin querer asumir que es una broma. Duchamp puede ser el antecedente inmediato, pero en la actualidad muchos de los que se dedican al humor han encontrado otras formas y métodos, no sólo para burlarse del arte, sino de todo.

La suma del arte como pieza final

―Es el desenlace, es donde culmina todo y se abre paso a la reflexión. No sé lo que es realmente, más me aproximo a la idea de que es una pregunta sobre el sitio que ocupa toda esa historia del arte en nuestro presente, como una broma muy seria.


IMÁGENES (POR ORDEN DE APARICIÓN): RONKA WARA, LAS MENINAS, LAS CHICAS DE SPENCER, OLIMPIA, S/T, EL MINGITORIO, LA SUMA DEL ARTE. TÉCNICA: PLASTILINA. AÑO: 2009

un poco presto e con sentimento

HUMORES LITERARIOS

Kenia Aubry


La literatura no pretende hacer mejores ni peores hom­bres. El acto de la lectura no intenta forjar un mejor ser humano ni cambiar el mundo de afuera (me re­fiero al de la vida cotidiana) por una razón: la literatura no tiene una finalidad ética. Una novela, un cuento, un poema no son recetarios para la vida, no son libros de superación personal. Si alguna finalidad ética tiene la literatura en tanto práctica sociocultural generadora de sentidos por y para el hombre
(y he aquí una parte esencial de su función estética) es abrir nuevas posibilidades de significación y entendimiento de nuestro mundo y nuestra condición humana. En resumen, ningún discurso literario va a cambiar el entorno sociocultural, lo que va a transformar (y me gusta la apli­cación que otorga al arte el escultor Richard Serra, y viene estupendo al texto literario) es la manera de ver y de sentir tu relación con el mundo.

En la dialéctica de dar/recibir de la literatura (dar sentido al mundo y sólo el mundo le ofrece el espacio de su sentido) todo discurso está contenido de humor y no precisamente de humor negro, pues el recurso de la ironía no siempre apela a esa categoría. El humor literario (sigo la idea de Milan Kundera) no es una chispa efímera que salta cuando una situación tiene un desenlace cómico o cuando un relato quiere hacernos reír (hasta aquí la propuesta del novelista); el humor como concepto estético plantea una problemática y lo mismo mueve a risa o a la tristeza, al desasosiego, al desencanto, a la desdicha. Vienen a mi recordación (pienso en el género narrativo) textos de humor festivo que me han sacado la risa fácil por la forma desenfadada de narrar las aventuras y, sobre todo, porque despojados de toda solemni­dad (volvemos a Kundera), han dejado de tomar en serio la seriedad de los hombres; por ese sendero van las entrañables aventuras a las que asiste Lucio metamorfoseado en asno en El asno de oro de Apuleyo; los inolvidables sarcasmos festivos de Gargantúa y Pantagruel, bondadosos y glotones gigantes, de François Rabelais; las ocurrentes visiones de Don Quijote en el Quijote de Miguel de Cervantes; el in­genioso pastor Yorick que no soporta a los agelastos en el Tristram Shandy de Laurence Sterne. El neologismo age­lastos es herencia de Rabelais, término con el que designa a los que no saben reír, dice por ahí un apartado biográfico que le horrorizaban los agelastos y sus agelastias, en ello se explican las carcajadas que suenan en su obra y que más tarde Sterne, en honor a su maestro, despoja a Yorick de la agelastia y lo aparta de los agelastos. (Yo como Rabelais y Sterne evito a los que no saben reír, evito a los solemnes).

Adiós tierra mezquina… jamás volveré a ti. No es exacta la línea, pero así va más o menos el inicio de Reivindicación del conde don Julián de Juan Goytisolo, una hermosa y desgarradora entrada que forma parte de otro tipo de hu­mor literario: el de los narradores coléricos. En la novela de Goytisolo se manifiesta la firme intención de desenmas­carar la ideología solemne de una España castiza, honorable y católica, idea propagandística en el periodo de Francisco Franco; una forma de burlarse de esas ‘cualidades’ es la ac­ción del protagonista que aplasta moscas con las páginas de la literatura canónica española. Otro enunciador furibundo es el de La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo; el colombiano pone en obra un humor basado en la desdicha y arremete contra todo y contra todos, llama a los colombianos textuales raza maldita, depravada y subhumana y dice explícitamente que «La pobreza se autogenera […] cuando agarra fuerza, se propaga como un incendio en progresión geométrica. Mi fórmula para acabar con ella no es hacerles casa a los que padecen y se empeñan en no ser ricos: es cianurarles de una vez por todas el agua y listo; sufren un ratico pero dejan de sufrir años. Lo demás es alcahuetería de la paridera». En ambas novelas, el diálogo se establece por ese mal humor centrado en el desencanto y en la impotencia de ver la ruina de sus socioculturas.

Lo relevante del humor literario sea con la risa, la tristeza o la cólera, lo dije al inicio, no es un fin ético, sino otor­gar otros modos de entendimiento del mundo. Me atrevo a decir que hoy abundan más los textos desoladores que los festivos, esto quizá se deba, lo diré poéticamente, a que «Palomas. Atraviesan la inexistencia. / Hay huellas de pastor frente al abismo. Cón­cavas. / Todo se explica en la imposibilidad / Hay úlceras en la pureza, vamos / de lo visible a lo invisible. / En este error descansa nuestro corazón» (‘Palomas’, en Arden las pérdidas de Antonio Gamoneda).
POR LOS CAMINOS DEL SUR
Red Cultural A.C.




Hace poco más de un año, un grupo de personas interesadas en la creación artística y la promoción de la cultura, decidimos formar una agrupación para, entre todos, llevar a cabo proyectos gratuitos a Cd. del Carmen y de paso, mantener un constante intercambio de acciones con otras ciudades para sumarnos a la difusión del arte contemporáneo en el sureste de México. Luego, con la intención de darnos autenticidad legal y con la esperanza de financiar los proyectos por medio de donaciones, se creó Red Cultural A.C.


Anel Jiménez Cruz es quien lleva la batuta y cuando le preguntan el pa qué de nuestra asociación, ella responde que nace a partir del cansancio de la queja. Eso es verdad. Nos cansamos de tener poca oferta artística, nos cansamos de ver desiertos algunos espacios destinados a la promoción cultural, nos cansamos, de ser ciudadanos de una ciudad enceguecida por el petróleo que constantemente olvida el lado humano de nuestra sociedad. Nos cansamos de quejarnos de todo esto y la única solución que se nos ocurrió fue la de ayudar a todo aquel que quisiera realizar un proyecto artístico. Ahora formamos parte de la gran lista de colectivos que han surgido en el país a falta de apoyos para la cultura y las artes.

Hoy celebramos un año de trabajo como Red Cultural A.C. En octubre de 2008, comenzamos nuestras buenas intenciones con la publicación bimestral de la revista En Tierra de Todos, la cual tuvo presentación en sociedad aquí en la isla y después en Oaxaca, generosa invitación que nos hiciera el periodista cultural Edgar Saavedra. Luego siguió un taller que impartió el artista visual Diego Teo “Dinámica y estrategia de los procesos artísticos en la calle”, quien no sólo es isleño sino amigo. Ya para marzo de este año se proyectó la muestra internacional de videoarte Close Up, liderada por el artista visual Ángel Delgado, quien al mismo tiempo dio el taller “Arte realizado en condiciones extremas”. Gracias a la confianza y a la costumbre de contribuir a las causas ajenas, el pintor Armando Guerrero nos dejó partir de Oaxaca cargando con obra de distintos artistas que forman parte de su colección personal tales como; Tamayo, Cuevas, Vicente Rojo, Rocha, Pedro Coronel, Gironella, entre otros, para exhibirla en Cd. Del Carmen. Ya entrados en eso de los cocteles de inauguración, en agosto se realizó la exposición colectiva con los pintores Anel Jiménez Cruz, César Mendoza, quien también ha demostrado en repetidas ocasiones su solidaridad con Red Cultural, y Armando Guerrero, bajo el título de “La naturaleza como pretexto”. Para terminar de contar el chisme, el galerista Jesús Villafan, nos prestó 25 obras gráficas del artista Francisco Toledo, demostrando así, su interés por esta ciudad y por la difusión del arte oaxaqueño. Con esta última exposición, se han dado pláticas a los estudiantes para que conozcan y comprendan mejor la obra de este artista mexicano.

Elmer Canepa, Aída Sanguino Kuri, Rosa Arteaga, Lilian Gastineau, Guadalupe Cuesta, Yajaira Cardeño, Jorge Argente, Eunice Lomelí, los que colaboran en esta revista, entre otros, son personas que todo el tiempo están contribuyendo y algunos forman parte de Red Cultural. Sin embargo, la labor y entrega de Anel Jiménez Cruz junto con Alejandro Pérez Falconi y Gabriela Vadillo, es la que nos mantiene, pues sin ellos y la chinga que se llevan no seríamos. Sobre todo es Anel quien ha hecho de nosotros una opción en la isla. Lo mismo gestiona una exposición que el diseño para imprimir una lona, su malabarismo no tiene límites e incluso logró que la Universidad Autónoma del Carmen, vía Meleni Guzmán, se sume a la causa.


Por los caminos del sur nos falta mucho por hacer, nos falta dinero, sin embargo aún tenemos ánimos y aún no cobramos por nuestro tiempo. La invitación a crear y difundir arte sigue abierta, ya que, entre todos, se puede hacer de todo.

http://www.proyectosredcultural.blogspot.com/

cine

EL SENTIDO DE LA VIDA
Rosa Arteaga

Recomendar una película humorística es como contar un chiste, uno realmente no sabe si a los demás les gustará tanto como a nosotros. El sentido del humor es algo personalísimo, que va desde un contexto cultural hasta cómo se sienta la otra persona y siempre se corre el riesgo de no tener éxito. Así, tenemos humores simplones que disfrutan de la comicidad sencilla -muchos revientan en carcajadas al ver la desgracia ajena, como alguien cayéndose-. Otros más elaborados, precisan hallar un contenido intelectual –algo así como que el mismísimo Nietzsche les cuente un chiste-.

Si existiese algo similar a la universalidad humorística, la película del año 1983 The meaning of Life o El sentido de la vida, del grupo creativo y actoral inglés Monty Pyhton, sería un ejemplo perfecto –claro, si usted vive en un país occidental y capitalista-. Liderados por Terry Giliam, los Pyhton (John Gleese, Terry Jones, Graham Chapman y Eric Idle) en breves escenas o sketches, despliegan situaciones de la vida diaria; en instituciones o bajo creencias religiosas, educativas, morales e ideológicas, mostrándonos –en el supuesto de que usted se sienta reflejado- lo risible que pueden llegar a ser nuestras acciones y actitudes.

El Sentido de la vida, quintaesencia del humor inglés, expone que la mejor manera de reír, es precisamente haciéndolo de uno mismo. Todas las referencias utilizadas por estos personajes, tendrán relación directa con su muy particular cultura y sentido del humor inglés –ya luego nació Mr. Bean para desesperar al espectador-. Sin embargo, esto no impide que nosotros los mexicanos podamos identificarnos con muchas situaciones que presentan en el recorrido de las etapas del ser humano desde el nacimiento hasta la muerte –porque en esto sí, vida y muerte son universalmente repartidas-. Y en el caso de que algo nos sea demasiado particular, caricaturizan tan bien sus prototipos culturales que definitivamente también reiremos pues no quedará en un mero chiste local.

Además, muy probablemente por ser un proyecto independiente, los Pyhton no sólo pretenden amenizarnos un rato la vida, también creen en la influencia que una cinta puede tener en el espectador, por lo que una fuerte carga de crítica social se encuentra implícita en cada uno de los personajes y situaciones que representan magistralmente estos cinco artistas escénicos. Recordándonos a cada rato que los clichés en los que nos basamos para erigir nuestras personalidades, no son más que eso, son culturalmente determinados y recrean estilos de vida que tal vez no sean los mejores para la felicidad –nótese el estrago procurado por Televisa en nuestro país-, aun cuando así nos lo hacen creer los medios masivos de comunicación.

Proponiendo situaciones absurdas, máquinas que hacen “ping” durante un parto con turistas, judíos-reggae que donan órganos, sargentos que dejan partir a cualquiera de sus subordinados del servicio militar que tenga “algo mejor que hacer”, y muchas otras figuras aparentemente imposibles, un grupo de peces dorados se pregunta: ¿para qué vinimos a este mundo? ¿y si esto que llamamos vida fuese todo un gran chiste? Ya que si tomamos la distancia necesaria, tal vez el sentido de la vida sea ese precisamente; reír y tratar de ser lo más felices posible –al menos eso nos han dicho-, a pesar de que muchas veces se siente como vivir en una pecera.

el burdel de los espantapájaros











Edgar Saavedra
(Vía de administración: intramuscular)


ILa patología de los fracasados siempre es tenebrosa, en el arte o en la política, incluso en la vida cotidiana. Pueden inspirar miedo o lástima porque un fracasado en potencia suele ser peligroso y está dispuesto a matar a alguien más vulnerable que él, por ejemplo, a su amante. Me ha tocado ver un par de casos de pintores oaxaqueños, aunque debo reconocer su mediocridad, pues nunca han decidido llegar a los extremos. Como lo dijo un poeta cubano “les falta la verdadera nitroglicerina del diablo”. De que inspiran lástima, la inspiran. Vacíos de los dos lados, vacíos desde dentro hacia fuera y viceversa, se antoja arrojarles un escupitajo como salvavidas. Últimamente anda rondando uno de estos personajes con un librito en la mano y una página doblada donde aparece la pueril frase “los vencedores vencidos” mientras ronronea que la mágica oración “abre tantas puertas en la conceptualización y entendimiento de una conquista”, pero, para mi conocimiento, “tiene dueño legal y moral...”. Se le nota que no ha podido reconciliar el sueño en meses, siente que le han robado como a un escarabajo pelotero su pletórico “prodigioso miligramo”. ¿Y quién es el ladrón? Yo. Casi un asesino. Yo soy quien admiro en secreto al cuervo que grazna y se lanza por los aires con cientos de piruetas para retar el viento y decirle: cuac, cuac, cuac, cuac...

IIA mi correo llegó un mail de una funcionaria menor donde agradecía la “confianza depositada en [su] persona durante los casi cinco años” que sirvió como subdirectora de un museo, de cuyo nombre no quiero acordarme. Pese a su convencedora mediocridad y falta de criterio en el rubro —el temor a perder una quincena en la burocracia es equiparable al de perder a una madre, aunque, paradójicamente, este requisito es indispensable para seguir mamando de las tetas del ogro filantrópico— se despedía con una dignidad poco usual en los servidores de buró. Sin embargo, no desaparecía de la administración pública sino que sólo brincaba de oficina, como algunos ácaros brincan de cama en cama. Y es que en México nada desaparece sino todo se transforma. Por ejemplo, los meros jefes de las secretarías que Calderón desapareció se volverán a reubicar en un acto de hechicería sudaca detrás de otro escritorio. Desde luego, se esperaría que esos funcionarios públicos los viéramos realmente de patitas en la calle, como esas simpáticas imágenes del año pasado cuando los pedantes y soberbios banqueros del otrora poderoso banco de inversión gringo Lehman Brothers, caminaban por las atiborradas calles de Nueva York con la cola entre las patas, cargando cajas de cartón, mochilas y uno que otro cuadro de “arte” (posiblemente un payaso llorón de 10 mil dólares). Con todo lo anterior a cuestas el mejor deseo lo ha expresado un testigo de oficio de los Cárpatos: Podríamos por fin respirar mejor si una mañana nos dijeran que la inmensa mayoría de nuestros semejantes se ha volatilizado como por encanto.

IIILeo en el blog de una amiga, cuya intensidad se hiperboliza a través de la red, que nunca ha publicado en un libro o en algún medio respetable y lo peor: que nunca le han pagado un peso por escribir, pero inmediatamente cobra altura para consolarse. Me vienen a la mente —dice ella— Kafka, Poe, Kennedy Toole y un chingo de escritores más, cuyos nombres no recuerdo, pero han muerto sin causar el menor ruido mientras estaban en vida, tal parece que es buen signo el que nadie te pele. Cuanta razón hay en el aforismo que dicta: No se minan las razones de vivir sin a la vez minar las de escribir. Pero quiero ir más lejos y citar a ese maldito yo, justo cuando lanza este dardo dialéctico: Si prefiero las mujeres a los hombres es porque ellas tiene la ventaja de ser más desequilibradas, es decir, más complicadas, más perspicaces y más cínicas, por no hablar de esa misteriosa superioridad que confiere una esclavitud milenaria. En teoría, hay un ego que implosiona, como la serpiente egipcia que se muerde la cola, y, lo mejor que provoca, es un anhelo que rebasa con creces la actitud provinciana de padecerse a sí mismo.

IVLos hombres y las mujeres no son los únicos virus que nos aquejan (que más temprano que tarde terminarán por matarnos). La clasificación de las plagas postreras es de una variedad que ofrece vértigos. Tal vez, dice el filósofo Emilio Lladó, la más importante sea la corrupción política, fruto de una corrupción de la mente, de la conciencia, de la sensibilidad, y del compadreo para defender los intereses, casi siempre oligárquicos, de ciertas degeneraciones en la partidocracia. Eso supone no sólo la impunidad de la desvergüenza sino, lo que es más grave, el deterioro y podredumbre del propio cerebro, de la propia personalidad. A este comentario no se le puede agregar más, salvo quizás, algunos espacios en blanco para que el lector con toda propiedad y ocio escriba los primeros nombres que se le vengan a la mente. De cualquier partido, del MUPO, del MACO, del ISSSTE, de la CHDH, de la Sección 22, o incluso, de la colonia donde suele habitar más de un energúmeno.

VPor equivocación o por inercia del zapping: Canal 9. Un programa oaxaqueño sobre el Bicentenario de la Independencia. Explicaciones de sus conductores. Una indolencia demasiado exhibida. En las familias taradas —dice E.M.C.—, siempre surge un vástago que se entrega a la verdad y que se pierde buscándola.